¿Qué estás buscando?

Carolina Allers: Una chilena trabajando en nuevas líneas de investigación sobre el virus VIH

El proyecto de doctorado de esta ingeniera en biotecnología la llevó a Estados Unidos en 2009. Ahí descubrió un mundo laboral apropiado para su vocación científica… y también el amor, formando una familia.

“Mi idea era venir por un par de años a adquirir experiencia, mejorar mi currículum, juntar plata y volver a Chile… y estamos en 2016 y no tengo fecha de regreso”, confiesa entre risas Carolina Allers, ingeniera en biotecnología molecular y doctora en ciencias biomédicas de la U. de Chile.

Carolina ha realizado ensayos clínicos con células-madre y ha investigado los procesos que hacen que una persona contagiada con el virus VIH desarrolle o no Sida. La biotecnóloga explica que estas líneas de trabajo se llevan a cabo, principalmente, en países como Estados Unidos, donde no sólo hay recursos, sino que también una masa crítica de colegas con quienes discutir, avanzar y cooperar.

familia

Carolina Allers junto a su familia.

Carolina Allers es una santiaguina egresada del Liceo 1 de Niñas, que gracias a una profesora de biología se animó a dedicarse a la ciencia. “Me gustaba medicina, porque me interesaba el cuerpo humano. Siempre pensé que era perfecto cómo funcionaba” -recuerda- “Pero cuando salí del colegio me enteré de Ingeniería en Biotecnología Molecular, que era una carrera que recién la habían abierto. Me tincó porque permitía hacer muchas más cosas y, por otro lado, no era tan larga como estudiar medicina, no había que lidiar con pacientes y permitía hacer investigación”.

Luego de titularse y de haber trabajado algunos años en una universidad privada, decidió hacer un doctorado. Su tesis de grado fue terapia celular para pacientes con VIH, pero como en Chile no había experiencia haciendo investigación básica con cultivos de células con el virus del Sida, debió buscar ayuda en el extranjero. Y eso fue clave para su desarrollo profesional. En un congreso científico en Estados Unidos conoció al jefe de un departamento de la Universidad de Nueva York, y consiguió que la recibiera para hacer su investigación de laboratorio.

“Un proyecto de doctorado debería ser desarrollado en unos dos o tres años. Yo me fui y trabajé cinco meses como loca, de lunes a domingo de 8 de la mañana hasta las 10 de la noche. Volví a Chile con resultados y pude presentar mi tesis de doctorado”, comenta Carolina.

Con ese título de posgrado y los contactos que siguió cultivando, se enteró de una oportunidad de trabajo en una empresa de biotecnología en Luisiana, EE.UU., uno de cuyos directores era chileno. La compañía se dedicaba a hacer ensayos clínicos con células-madre, es decir, tratar una enfermedad inyectando estas células, justamente lo que Carolina deseaba desarrollar.

En 2010 se fue a trabajar a Covington, un pequeño pueblo a media hora de Nueva Orleans. En esa compañía colaboró haciendo ensayos de nuevas terapias para enfermedades cardiovasculares y neurológicas, como la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). “Tuvimos resultados súper buenos, un par de pacientes presentaron resultados notables”, explica.

Ya casada con un estadounidense, su carrera seguía progresando. En 2014 Carolina Allers se fue a trabajar al prestigioso Hospital Infantil de Filadelfia, donde tenía la oportunidad de ver de cerca el efecto de los nuevos tratamientos en desarrollo, como trasplantes de médula ósea y terapias con células genéticamente modificadas para niños con leucemia. Sin embargo, la calidad de vida no era buena.

C-Allers02

Carolina trabaja en el prestigioso Hospital Infantil de Filadelfia.

“Filadelfia es como vivir en Santiago: el estrés del taco, el ruido, la gente anda corriendo”, detalla. “Mi hija nació allá y cuando tenía dos meses no podíamos salir porque había tanta nieve que pasábamos encerrados en la casa. Estuvimos un año y medio y decidimos que esa calidad de vida no la queríamos, aunque el trabajo era bueno y súper interesante”.

Así que el año pasado la familia regresó a Covington, Luisiana, y Carolina Allers consiguió un puesto en el Centro de Investigación en Primates de la Universidad de Tulane, donde está a cargo de los estudiantes de doctorado y posdoctorado. Y pasó de investigar en células-madre nuevamente al tema del VIH.

“Lo que estudiamos es la relación entre los macrófagos –células del sistema inmune- y la progresión del VIH hacia Sida. El dogma hasta la fecha es que cuando un individuo se infecta con VIH, progresa hacia Sida cuando el nivel de linfocitos T-CD4 (un tipo de glóbulo blanco, también células del sistema inmune) baja de cierto nivel y eso facilita el avance de la enfermedad. En este laboratorio proponemos que la progresión hacia el Sida está relacionada con un cambio en los macrófagos”, puntualiza.

Y concluye con una de las ventajas de trabajar en Estados Unidos: la gran velocidad para desarrollar investigación.  “En el tiempo que estuve relacionada con células-madre, tuve la oportunidad de participar directamente en tres trasplantes, tres pacientes. En el primer año que me vine a Estados Unidos, tratamos cien pacientes, y en Filadelfia también eran muchísimos. Entonces todo el manejo de ensayos clínicos, regulaciones y también el manejo de laboratorio, de la producción como ‘a gran escala’, es muy distinto”, resume esta exitosa compatriota.