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Chilenas en Norteamérica: convertirse en madre cuando se está lejos

El nacimiento de un hijo puede provocar ansiedad o preocupación cuando se está viviendo en el extranjero. Incluso dar lugar a ciertos mitos sobre el parto en un país desconocido. ¿Cómo es esta experiencia en países como Estados Unidos o Canadá?, ¿qué similitudes y diferencias podemos encontrar con el sistema chileno?

Estados Unidos es uno de los destinos preferidos de los chilenos y chilenas para realizar estudios de postgrado en el extranjero. En ese país es donde más becas Conicyt se han cursado en las últimas cuatro décadas, con un total de 3.567, de las cuales cerca del 34% ha sido ejecutada por mujeres. Un catastro de 2015 realizado por Nexos Chile-USA, contabilizó a 185 investigadoras chilenas en el país del norte, en diferentes etapas de formación.

Consuelo Gazitúa y su familia.

Algunas de aquellas profesionales se han convertido en madre durante el proceso, como es el caso de Consuelo Gazitúa, quien el 2015 viajó al país del norte para hacer un postdoctorado en el Departamento de Microbiología de la Universidad Estatal de Ohio, financiada por un proyecto de colaboración entre Chile y Estados Unidos. Aunque se iba por un año, finalmente le ofrecieron quedarse dos más. Se fue acompañada de su marido, el ingeniero Den Paccot.

“Cuando supimos que estaba embarazada, más que miedo nos dio nervio y ansiedad todo el proceso que venía, por ser nuestro primer hijo, independiente del país donde estábamos”, cuenta Consuelo, quien es Doctora en Genética Molecular y Microbiología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

En su caso no hubo beca, siempre estuvo contratada, con un sueldo y beneficios. “Afortunadamente tuve un muy buen plan de salud, ofrecido por la Universidad, por lo que tenía la tranquilidad de que estaría bien atendida”, comenta la chilena.

El sistema de salud estadounidense es pagado y funciona con seguros privados. Sólo algunos segmentos de la población más vulnerable se encuentran cubiertos por los programas de Gobierno, como Medicare, Medicaid o algún otro dependiente de cada estado.

“Pagué alrededor de $2500 dólares, y buena parte de ese dinero lo recuperé con la devolución de impuestos, que ese año fue mayor por el hecho de haber tenido un hijo. Eso sí, los precios sin seguro son a mi parecer, exageradamente altos, y no siempre teníamos claro cuánto iba a cubrir el plan de salud”, recuerda Consuelo.

En el sistema estadounidense se realizan solo dos ecografías durante todo el embarazo, pero a Consuelo la incluyeron en un grupo de riesgo por tener 35 años, lo que hizo que la cantidad de exámenes fuera similar a los que se realizan en Chile. “Me llamó la atención que no tienes matrona, a menos que quieras pagar por una, y durante el parto estuvieron sólo las enfermeras y doctores de turno. Luego, para el postparto había menos controles que en Chile, lo que lamenté ya que tuve algunas dificultades”, recuerda la microbióloga chilena.

Pre y Post Natal

En Estados Unidos no hay prenatal, y el post natal es de 12 semanas y sin goce de sueldo, aunque varios estados han ido ampliando progresivamente los beneficios para las madres y recién nacidos. Varía también según las políticas de cada empresa.

“Trabajé hasta el último día, sin embargo, tuve la suerte de tener un jefe muy comprensivo que me permitió hacerlo desde la casa y entendió que mi ritmo sería más lento las últimas semanas”, comenta Consuelo, quien sí tuvo un postnatal pagado por su universidad.

Maternidad en la Costa Oeste

Alejandrina Eyzaguirre y su familia.

Alejandrina Eyzaguirre es profesora de Educación Básica y madre de dos hijos nacidos en California. Viajó a Estados Unidos acompañando a su marido Francisco Sahli, quien cursa un doctorado en Ingeniería Mecánica en Stanford.

«Me vine esperando guagua y como aquí no hay pre existencia, pude inscribirme y no tuve problema con el seguro de salud», comenta Alejandrina sobre el plan que contrataron por medio de la misma Universidad, con un valor de 2.400 dólares al trimestre (aproximadamente un millón seiscientos pesos chilenos, es decir, más de medio millón de pesos mensuales). A pesar de tener cobertura, el copago por cada parto fue de unos $US 4.000.

Cuando nació su primera hija, María, su mayor miedo era respecto a la comunicación: “lo más difícil es expresar los sentimientos en otro idioma”, opina Alejandrina. “Por otro lado, siempre ha existido el rumor de que no te ponen anestesia, que era lo que más me decían, y que al día siguiente te mandan a la casa. Pero cuando llegué aquí, me di cuenta de que no es así”, agrega la profesora chilena.

Cesárea vs parto normal

En Estados Unidos el número de partos por cesárea se mantiene cercano al 32% mientras que en Chile va de un 39% en hospitales públicos a un 51% en clínicas privadas, según datos de la Primera Encuesta sobre Nacimiento en Chile publicada en junio por el Observatorio de Violencia Obstétrica, OVO Chile.

“Es una muy buena experiencia: el papá o pareja es muy partícipe del parto y tiene que ayudar porque no hay nadie más en la sala”, recuerda Alejandrina Eyzaguirre sobre lo vivido en el hospital de Stanford. Agustín, su segundo hijo, no se puso en posición cefálica (cabeza abajo), “entonces la doctora que estaba a cargo propuso darlo vuelta dentro de la guata para evitar la cesárea. Consultamos además con doctores en Chile y finalmente se hizo así”, cuenta la chilena.

Para Alejandrina lo más difícil fue estar lejos de su familia, “pero me alegro que haya sido así, porque con Francisco tuvimos que aprender a hacer las cosas solos, nos dividimos las tareas por igual y somos un equipo”, opina.

Canadá y la protección de la maternidad

Más arriba en el mapa, el panorama es diferente, ya que Canadá no está entre los destinos favoritos de los chilenos. De las 437 becas de Conicyt que se han cursado en ese país, 320 corresponden a Becas Chile, es decir, que se han adjudicado desde 2008, cuando se creó este programa.

Lucía Núñez.

La bioquímica Lucía Núñez se doctoró en Chile y el 2011 se fue a Montreal a acompañar a su marido Fernando Valiente, quien realizaría un postdoctorado en la Universidad de Mcgill. Cuando se embarazó de su primer hijo, su visa de trabajo venció y quedó sin cobertura de salud durante todo el proceso de renovación.

El sistema de salud es gratuito en Canadá para todos los residentes legales y bajo ciertas restricciones, como poseer permiso de trabajo, en el caso de los extranjeros. Pero Lucía no pudo recibir atención médica durante el primer mes de embarazo. “Me dijeron que, si realmente necesitaba atención médica, tenía que pagar $10.000 dólares de garantía, para poder acceder al sistema de salud en el estado en que estaba (sin la visa vigente)”, recuerda.

Afortunadamente, su problema se resolvió en los meses siguientes y comenzó a atenderse en el hospital de Montreal. “Durante todo el embarazo el seguimiento me lo hizo un médico de familia o la enfermera que trabajaba con él. Recién en las últimas dos semanas de embarazo vi a un ginecólogo”, comenta la doctora en ciencias biomédicas.

Al igual que sucede en Estados Unidos, en Canadá el número de ecografías durante el embarazo es limitado. “Las ecografías 3D, por ejemplo, allá son un lujo que hay que pagar de manera privada porque no está incluido el proceso normal de chequeo”, explica Lucía.

En Canadá se promueve el parto natural debido a los beneficios para la salud del recién nacido, pudiendo ser con o sin anestesia, según se prefiera. “No estás en un quirófano, sino que en una habitación preparada para transformarse en sala de operaciones en caso de que se requiera, pero tú estás en tu pieza, tranquila, relajada. En el parto de mi hijo, dejaron que entrara mi mamá, mi suegra y mi marido”, cuenta Lucía.

El sistema canadiense protege el bienestar de la madre y del hijo. “Cuando te vas a la casa, una enfermera te va a visitar para saber cómo estás llevando los primeros días de maternidad”, explica Lucía. El tiempo de prenatal es de seis semanas y el postnatal dura alrededor de un año, pudiendo ser compartido. “Fomentan el apego desde el minuto uno. Además, incentivan la lactancia porque saben que ésta entrega todos los anticuerpos que la guagua necesita hasta que el sistema inmune madure” señala la científica chilena.

Al igual que Consuelo y Alejandrina, Lucía se convirtió en madre estando a miles de kilómetros de su familia y amistades. Las tres entrevistadas destacaron el papel que jugaron sus parejas, pero además, el apoyo que encontraron en otros chilenos de sus respectivas comunidades. Coinciden en que al principio fue difícil, pero sin duda una experiencia enriquecedora.