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Chilenas que se (post) gradúan de madres en Europa

Algunas cursan estudios de posgrado y otras han viajado apoyando un proyecto familiar junto a un marido becario, unas estudian, otras no. Las experiencias de mujeres chilenas que se han convertido en madre estando en el extranjero son diversas, y cuando se trata de Europa, la situación varía de país en país: España, Francia y Suiza, tres escenarios diferentes.

El promedio histórico de becarias de Conicyt es aproximadamente el 44% desde 1984. El 2018 la participación femenina en Becas Chile fue de 45.7% de seleccionadas en doctorado y 51% en magíster. Por otro lado, parte de los becados hombres viajan al extranjero con sus cónyuges y/o familias, por lo que no es raro que el nacimiento de un hijo suceda en esa situación.

Ser madre y científica

La bioquímica Constanza Maldifassi Gatica, becaria del primer concurso de Becas Chile, llegó a España el 2009 para doctorarse en Farmacología en la Universidad Autónoma de Madrid. El 2013, cuando estaba realizando su tesis, quedó esperando a su primer hijo.

«Pasa a veces que en las ciencias no está muy bien visto quedar embarazada. No me pasó con mis profesores, pero sí con otra gente a quien le causó extrañeza, ‘que por qué no esperé a tener un puesto más estable’ y esas cosas”, recuerda Constanza sobre las reacciones en su entorno.

Por otra parte, y a pesar de que Conicyt considera el pago y los beneficios de pre y postnatal, en el caso de Constanza, cuya beca había terminado y estaba contratada por su profesora, éstos prácticamente no existieron porque debía continuar su trabajo.

“Es así, no es como trabajar en una oficina en que una tenga el prenatal y el postnatal, yo trabajé hasta el día antes de tener la guagua. Además, en España no hay prenatal como acá y, aunque tú puedes ir al doctor a que te haga un certificado, yo no lo hice porque tenía que terminar mi tesis”, cuenta Constanza, quien actualmente tiene un puesto postdoctoral en el Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso (CINV).

Así mismo, cuando su hijo cumplió una semana, tuvo que organizar el tiempo entre el laboratorio y vivir la maternidad compartiendo roles con su marido René Barbagelata, quien a causa de la crisis económica española se encontraba sin trabajo. “Yo tenía que hacer todo, incluso ella se sacaba leche y me la dejaba”, explica el ingeniero comercial chileno, quien viajó acompañando a su señora.

Pre y postnatal: una mirada diferente

La psicóloga Daniela Besa se fue a España el 2006 y aunque en su caso, sólo su ex marido era becario, ella cursó dos másteres en la Universidad Complutense de Madrid, uno en Arte Terapia y el otro en Psicoterapia Psicoanalítica. Antes de planificar su propio embarazo, trabajó con matronas del servicio público con Arte Terapia y participó de la Asociación de Educación Prenatal, orientada al parto natural y consciente.

Aunque finalmente su hija Aurelia nació en una clínica privada, Daniela tuvo la oportunidad de conocer ambos servicios. Lo que más le llamó la atención fue el nivel de apoyo que le brindaron diferentes profesionales de la salud: “Me encontré con un grupo humano que trabaja a fondo los temas de la maternidad, te ayudan a aprender que, al igual que el embarazo, ésta está llena de mitos. Me enseñaron cosas que muy pocas personas saben y que los médicos no te dicen”.

A diferencia de Constanza, quien al tener contrato tenía derecho a Seguridad Social, es decir, al sistema público de salud español, Daniela contrató un seguro colectivo de su misma universidad, en el que pagaba unos 90 Euros al año (hoy, cerca de 70 mil pesos). Eso cubrió todos los gastos del parto.

“Nunca sentí que me trataran como enferma. Desde que entré a la clínica jamás me llevaron en silla de ruedas y fui caminando a que me pusieran la epidural”, cuenta la psicóloga, quien luego del parto, tuvo desde una asesora de lactancia, hasta clases de masajes y estimulación para los recién nacidos, a los que asistió sagradamente.

Tampoco tuvo pre ni postnatal. “A medida que crecía mi guata, avanzaba la tesis, y creo que tuve a la Aurelia justo a la hora del examen del segundo magíster”, recuerda.

Diferente país, diferentes sistemas

Desde los años 80’ muchos chilenas y chilenos becarios de Conicyt han optado por Francia para hacer su postgrado, cursándose 913 becas. En Suiza, en cambio, sólo han sido 73.

El acceso a la salud para un extranjero es diferente en cada uno de los países del Viejo Continente. Así, mientras en Francia poseen un sistema solidario al que acceden tanto franceses como extranjeros, en Suiza no existe la salud pública. Todos los habitantes deben comprar un seguro, pudiéndose optar por diferentes precios y coberturas. Eso sí, los gastos del parto están subvencionados por el Estado en un 100%, así como el 80% de los gastos médicos de los niños.

La seguridad social en Francia se llama Assurance Maladie, y en ella se paga un monto mínimo, que se cobra de acuerdo a un cociente familiar calculado según los ingresos y la cantidad de niños que se tenga. Ese sistema cubre dos tercios de los de gastos médicos, y el resto debe ser cubierto contratando un seguro complementario, equivalente a una isapre, que a su vez también puede ser público o privado, dependiendo, nuevamente de la situación económica de los afiliados.

La odontóloga Mina Mansuy vivía en Nantes, ciudad francesa ubicada a 380 km. de París, cuando tuvo a su hija Sara. “Puedes elegir si vas a salud pública o privada, aunque la gente prefiere los hospitales públicos porque tienen mejor reputación”, explica sobre el sistema francés.

Mina viajó por una beca de doctorado de su marido Luis Córdova, también dentista. Sus tres primeros hijos habían nacido en Chile por cesárea, pero en Francia esa no es una práctica frecuente, razón por la cual tuvo que buscar a un médico experto en realizarlas. “La sacaron con fórceps y me la entregaron llena de moretones”, recuerda sobre la primera vez que vio a Sara.

La guardería

Dónde dejar a los hijos es otra preocupación al momento de volver a trabajar o estudiar. En Suiza la guardería puede llegar a costar 7 mil euros al año, equivalente a unos $5,5 millones. Los jardines infantiles en general son caros, aunque están en parte subvencionados en relación al nivel familiar de ingresos. Además, cada familia, ya sea suiza o extranjera, recibe un bono de 500 francos ($338.436) por hijo al mes, lo que asegura las necesidades básicas de todos los niños.

“Aunque tengas la capacidad de pagar la sala cuna, no es tan sencillo. No, la gente allá se inscribe antes de tener la guagua, hay que reservar con mucha anticipación”, cuenta Constanza Maldifassi, quien luego de doctorarse en España partió con su familia a Suiza, donde la esperaba una posición postdoctoral en el Instituto de Bioquímica y Medicina Molecular de la Universidad de Berna, ciudad donde tuvo a su segunda hija.

“Nosotros pagábamos menos de un Euro la hora, ya que nuestro cociente familiar era muy bajo al tener hartos hijos”, recuerda Mina Mansuy, quien vivió en Francia en dos oportunidades, sumando cinco años en total. En ese país existen dos tipos de jardín infantil, los cuales reciben a niños a partir de los tres meses, que es lo que dura el postnatal. Un tipo de jardín es para madres que trabajan y el otro para aquellas que no lo hacen, por lo tanto, no todos son a tiempo completo.

Madres primerizas, madres investigadoras, becarias o no, todas se enfrentan a diferentes sistemas que pueden variar mucho según el lugar al que se llega. Conocer los beneficios de pre y post natal y las condiciones para tener y criar un hijo en el extranjero pueden ser factores a considerar al momento de elegir un destino, si la maternidad es una opción.