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Delfina Fantini, Doctora del Royal College of Art en Reino Unido: “Los desafíos de la nueva revolución tecnológica”

Llaves con dispositivos que permitan encontrarlas, refrigeradores que avisan cuando están quedando vacíos, basureros que emiten señales a los camiones para que los recojan. El área conocida como “Internet de las Cosas” permite un mundo de oportunidades, pero también conlleva una serie de preguntas y límites éticos que muchas veces no se realizan. Precisamente es en esa línea donde la bióloga chilena, magíster y doctora del Royal College of Art en el Reino Unido, Delfina Fantini, ha instalado sus investigaciones.

Según la empresa Gartner, en el año 2020​ habrá en el mundo aproximadamente 26 mil millones de dispositivos con un sistema de conexión al Internet de las Cosas (en inglés Internet of Things, IoT), un área que se basa en la capacidad de conectar dispositivos de uso común y darles la capacidad de recolectar información. Desde ecosistemas naturales hasta edificios y fábricas. Sin embargo, este crecimiento explosivo, a juicio de la doctora Delfina Fantini, no puede darse sin una reflexión previa. “Sí, hay cosas que funcionan a niveles industriales, pero no para todo. Hay que tener mucho cuidado y ver el reduccionismo que se está haciendo”, advierte.

Como bióloga graduada en la Pontificia Universidad Católica de Chile, comenta que su interés siempre ha estado puesto en sistemas complejos. Por eso luego realizó un magister en diseño transdisciplinario en la universidad Konstfack en Estocolmo, y luego un doctorado el Royal College of Art en el departamento de Innovación Ingeniería y Diseño, con foco en la revolución digital… específicamente en IoT.

De hecho, en su tesis de doctorado aborda el reduccionismo informático en relación a la algoritmización de la vida y la sociedad. Esto en respuesta al creciente mercado y la acelerada comercialización de la tecnología. “Se está tratando de digitalizar absolutamente todo. Por eso mi investigación plantea una serie de problemáticas que vienen por no reflexionar qué se está haciendo”, señala.

El tema surgió cuando empezó su doctorado en 2012, en medio de una serie de lanzamientos de productos de IoT que, a su juicio, solucionaban problemas que no existen, siendo además productos que duraban poco. “Me impresioné de esta cantidad de productos sin sentido que estaban siendo sacados al mercado. Me acordé de “El Idiota”, de Fiodor Dostoievski, donde se plantean preguntas a nivel fundamental los problemas y las disfuncionalidades de la sociedad y su sistema de valores”, comenta.

Por eso, la base de su investigación se cimenta en un convencimiento que siempre ha tenido presente: “Nunca he pensado que el cerebro es un computador, ni que el computador funciona como un cerebro”. Frente a esto, indica, hay que plantearse por qué se están haciendo las cosas que se hacen, más que simplemente adquirirlo o comercializarlo.

En este camino, la doctora Delfina Fantini ha llegado a ser co-editora del jorunal Cybernetics & Human Knowing y columnista en ACM Interactions. Además, su trabajo ha sido exhibido en el Museo de Historia Natural y en la exposición Digital Futures: Urban Open Space, en el Museo de Victoria & Alberts en Londres. Autora además de una serie de publicaciones y conferencias en Europa y Estados Unidos, en 2017 incluso fue invitada a Dubai para dar una charla sobre la importancia de la ética en la digitalización de la vida. Adicionalmente, en 2011 obtuvo el Heinz von Foerster Award otorgado por la Asociación Americana de Cibernética.

El componente humano y Chile

“Para mí los algoritmos son muy buenos para optimizar ciertos procesos burocráticos, o en la industria para optimizar, ver flujos, o utilizarlo en cosas muy sustentables como los sensores que avisan cuando los basureros están llenos. Eso sirve para hacer más eficientes algunos procesos, pero hay otros temas que no son algoritmizables”, afirma la doctora Fantini.

Un tema, por ejemplo son las Smart Cities o ciudades inteligentes, que asegura, no pueden ser planteadas solo desde las tecnologías sino que tiene que tener como centro la comunidad, mediante políticas públicas y estudios urbanos. “Esto no pasa solo por digitalizar todas sus funciones y sistemas. El ser humano sigue siendo necesario para tomar ciertas decisiones y estar como el centro de la discusión”, especifica.

Porque si bien la digitalización puede ayudar mucho, para la investigadora es importante no creer a ciegas en el progreso digital, por lo que es importante tener ciertas discusiones a nivel ético y humano. “Hay cosas que hay que preservarlas fuera de esta algoritmización”, asegura y complementa: “hay temas éticos, sociales, humanitarios, que no se pueden simplificar de esa manera”.

Esta es justamente la discusión que se está teniendo fuertemente en países de la Unión Europea, debido al poder de las grandes empresas tecnológicas y al cuestionamiento que surge por las implicancias en la era digital para los ciudadanos. La doctora Fantini señala que además del trabajo de ingenieros y programadores, es crucial integrar políticas públicas a esta idea del progreso digital, ya que “no se puede entregar todo esto a los intereses de grandes empresas”. Esto por el riesgo de repetir situaciones como lo ocurrido con Cambridge Analytica y Facebook en el escándalo por la filtración de datos personales usados en campañas presidenciales.

En esta nueva etapa de la llamada revolución digital, se han dado pasos importantes como las nuevas regulaciones de la información para la Unión Europea firmada este año en Bruselas (GDPR), que introduce un conjunto nuevo de regulaciones estandarizadas sobre el tratamiento de datos personales recopilados por sitios web y servicios online, pretendiendo fortalecer y unificar así la protección de datos para todas las personas dentro de la UE). La doctora Fantini está inmersa en el centro de esta discusión, dedicada a la investigación y a la academia- ¿Su próximo paso? Abrir la discusión en Latinoamérica no solo en la académica sino también asesorando a el sector público y privado.

“En Chile estamos muy lejos de este tipo de preguntas, más bien estamos en la etapa de incorporar los productos sin una gran reflexión ciudadana. Latinoamérica en general no es una zona donde se tenga ese nivel de discusiones”, explica y comenta que en ese sentido le gustaría mucho colaborar a fomentar ese debate. “Esta discusión está pasando y me gustaría contribuir en la conexión para llevarla a Chile”, concluye.