¿Qué estás buscando?

Doctor Adolfo Gutiérrez: “Sin ciencia pura, no hay ciencia aplicada, pero sin la última no hay futuro”

  • El ingeniero eléctrico y físico de la Universidad de Chile emigró a Estados Unidos en 1986, donde vive hasta hoy. En este tiempo, ha realizado diversos desarrollos científicos, que van desde materiales para resistir radiaciones extremas a los primeros chips para el secuenciamiento del ADN, pasando por kits para determinar si una persona está sufriendo o no un infarto. Hoy lidera una nueva empresa que busca financiar proyectos de investigación, independientemente de flujos y prioridades gubernamentales. ChileGlobal, la red de talentos de Imagen de Chile, conversó con el ingeniero y emprendedor.

 Adolfo Gutiérrez siempre fue un buen estudiante. Primero en el Instituto Nacional, de donde salió con excelentes notas, para luego entrar a estudiar Ingeniería Eléctrica y Física en la Universidad de Chile. “Estaba pensando en hacer ciencia pura, porque el nivel de las ingenierías en Chile no permitía hacer investigación en esa época, no había un buen nivel de innovación. Había buena ingeniería, pero más práctica que de hacer cosas nuevas, no innovaban. En física podía encontrar problemas más desafiantes”, recuerda.

Varios de sus compañeros de carrera terminaron emigrando a Estados Unidos para realizar investigación e innovación. En su caso, continuó un doctorado en Ingeniería Física con mención en Radiación en Microelectrónica. Y más específicamente, se dedicó al envío de chips al espacio. “Trabajamos en la protección de la electrónica para condiciones ambientales muy adversas (lo cual también es de uso dual, civil y militar, lo que a menudo te pone como extranjero en una situación delicada”, explica y agrega que de eso justamente se trató su tesis de doctorado, diseñar y probar MOSFETS (transistor de efecto de campo metal-óxido-semiconductor o en inglés, Metal-oxide-semiconductor Field-effect transistor), capaces de niveles enormes de radiación ionizante. Además previamente, mientras realizaba su máster en el Rensselaer Polytechnic Institute (Troy, NY), había realizado simulación de accidentes nucleares.

El doctor Gutiérrez cuenta que en esa época se desmanteló la Unión Soviética y eso generó mucho re-balanceo en el gasto militar estadounidense. En paralelo, debían cumplirse tratados de limitación de armas nucleares. “Teníamos que ingeniarnos y ver la forma de hacer ciencia sin romper tratados, como el Test Ban Treaty (Tratado de Prohibición de Ensayos Nucleares de 1963) donde suscribieron que ya no se podían hacer detonaciones de bombas (aunque sí bajo tierra). Para evitar las detonaciones, los gobiernos empezaron a simular con máquinas, códigos”, comenta el investigador chileno, quien continuó trabajando en esa área por varios años.

Luego desarrolló una serie de invenciones para una empresa de ingeniería. “Éramos un club de PhD’s e ingenieros que inventaban a pedido cualquier cosa. Construimos los primeros visores nocturnos para ver en color. Después inventamos máquinas de pruebas de simulación para el espacio, cañones electromagnéticos muy avanzados. En esa época me puse a trabajar en microsistemas, específicamente en microchips mecánicos y en biotecnología, sobre todo”, cuenta. Su interés en ese momento estaba en esta última área, llegando a desarrollar uno de los primeros chips de secuenciamiento de ADN.

Siguió trabajando en diversos proyectos con financiamiento militar: “Construimos chips para detectar dengue, fiebre venezolana equina y ébola, entre otras enfermedades que se cree que algunos gobiernos usan como armas bacteriológicas. Entonces hicimos sensores para soldados y para civiles”.

Así se fue vinculando progresivamente con temas del “mundo civil”: desarrolló chips integrados para detectar tempranamente infartos al miocardio. Se trataba de una pequeña cajita que permitía al paramédico en la ambulancia realizar un test sanguíneo que pesquisaba la presencia de unos marcadores propios de alguien que sufre un infarto (un tipo de isoenzimas). Esta tecnología fue licenciada a grandes empresas de biomedicina. Luego, por cerca de 10 años trabajó creando chips para la industria automotriz.

Entonces decidió dar un giro en su carrera. En Estados Unidos, varias universidades potencian que sus alumnos creen sus propios emprendimientos. Cuando éstos son exitosos, sus dueños reinvierten en ex estudiantes de su alma mater. Tal es el caso del Rensselaer Polytechnic Institute, donde Gutiérrez cursó su máster. “Un ex estudiante invirtió en mí e hicimos una empresa de tecnología óptica. La misma tecnología que usaba para chips, biochips y la portamos a componentes ópticos integrados, como un telescopio del tamaño de un cabello humano. ¡Así de pequeño! Queríamos miniaturizar los sistemas más complejos, el equivalente a una máquina que usa decenas de metros, pero que la puedieses llevar en tu bolsillo”, cuenta entusiasmado y añade: “Algo avanzamos, pero como en todos avance, resultados visibles para la población general son solo alcanzables después de décadas de investigación y miles de millones de dólares de inversión.  Son procesos evolutivos lentos y acumulativos”.

Esa fue su primera aventura como emprendedor, con Memstar Corporation, empresa que vendió en 2001, para luego fundar una consultora para apoyar startups. En esa época, en Chile aún no se hablaba de emprendimiento: “Quisimos ayudar al inicio de startups. Trabajamos con gente de Chile, Argentina, Perú, Colombia, que hacía empresas de dos o tres personas”, dice. Los apoyaban con recursos menores y a encontrar inversores. Durante este tiempo generó una buena red de contactos en los distintos gobiernos, “lo que nos sirvió en la etapa siguiente de apoyar empresas más seriamente”.

Esa etapa siguiente llegó entre 2004 al 2008, luego de un paréntesis como director de un proyecto con financiamiento del Gobierno de Chile que se llamó SEPARI en Valparaíso y se orientó a simulaciones computacionales avanzadas. Después de este paso por Chile pudo entender mejor la realidad local, además de las limitaciones para hacer ciencia y emprendimiento, lo que parcialmente inspiró un cambio de estrategia, para tratar de modificar cómo los procesos de creación de valor se desarrollan,

Fue entonces que el doctor Gutiérrez decidió reenfocar el trabajo de su empresa, ya que consideraba que los investigadores eran muy dependientes, por ejemplo, del financiamiento público y, por ende, del valor que un gobierno le entregase a la ciencia, aumentando o disminuyendo los recursos y a determinadas  áreas.

En este marco, su nueva empresa, uBricks, ofrece a los científicos un servicio para que vendan sus ideas o las patentes de sus investigaciones a empresas, de modo de poder financiar sus proyectos de investigación independientemente de flujos y prioridades gubernamentales. Para eso, trabaja con algunos mercados europeos y americanos. “En el largo plazo queremos crear un mercado global para el capital humano avanzado, una visión ambiciosa que eventualmente debe ocurrir si el valor del conocimiento ha de ser adecuadamente monetizado”, afirma.  “Ha sido un trabajo complejo, y a cinco años de comenzar, aún somos un emprendimiento que busca validarse.  Al éxito, habremos creado condiciones para una explosión en el número de científicos que se hagan emprendedores, y para el emprendimiento de base científica como un fenómeno global reconocible. Eso cambiará la distribución global de la riqueza ya que conocimiento aplicado comercializable es la fuente más fundamental de riqueza”, asegura.

De este modo, luego de una historia de emprendimientos y carrera profesional, el doctor Gutiérrez resume lo que ha aprendido como investigador e innovador en nuevas tecnologías diciendo que “hacer ciencia aplicada es caro, es incierto, y es un proceso de largo aliento que exige perseverancia y resiliencia, tanto de los actores principales como de toda la sociedad, que debe invertir con paciencia para crear un futuro mejor para todos”, destaca y concluye: “Sin ciencia pura, no hay ciencia aplicada, pero sin la última no hay futuro.  Apoyar a los científicos e innovadores en Chile es el único camino que el país tiene para llegar a ser más desarrollado, más próspero y más justo, y con más oportunidades para todos”.