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Doctor Francisco J. Uribe Romeo: “En Chile el sector privado no ve el valor de desarrollar tecnología propia”

Trabajando para una importante empresa biotecnológica en San Diego, California, el doctor en Bioquímica y Biología Molecular en la Michigan State University mira a Chile con optimismo. Especialmente porque considera que nuestro país tiene profesionales a la altura de las “grandes ligas”, pero le falta cambiar su cultura de inversión y dar pasos más arriesgados para potenciar nuevos proyectos, especialmente en materia biotecnológica.

Para Francisco Uribe Romeo, un punto clave en su vida para elegir su futuro profesional ocurrió en séptimo básico, en clase de biología, cuando descubrió la genética mendeliana. “La aplicación de principios matemáticos a la herencia humana me pareció increíble. En ese minuto decidí que quería ser ingeniero genético”, afirma el bioquímico de la P. Universidad Católica de Chile y actual Jefe de Operaciones de TISMOO, empresa biotecnológica enfocada en la búsqueda de perspectivas terapéuticas personalizadas para el Trastorno de Espectro de Autismo, en San Diego, Estados Unidos.

Claro que el camino no fue siempre tan claro. Uribe recuerda que en sus años de estudiante, aparte de estudiar bioquímica, no había muchos caminos que condujesen a su meta. “La decisión fue pura y simplemente gatillada por la maravilla del descubrimiento, por el querer aprender más. Derivar a la biotecnología fue algo simple. Mi interés iba tras las aplicaciones prácticas del conocimiento científico”, comenta y agrega que lo que realmente le impactaba eran las aplicaciones, las posibilidades que el conocimiento abre para “hacer cosas que nunca antes se han hecho”.

Para eso, asegura que al mismo tiempo que decidió que su camino sería la genética, supo que tenía que salir de Chile para lograrlo: “Como niño a mediados de los 80, mi simple entender era que la tecnología y ciencia avanzada no se desarrollaba en Chile”. Fue así como en 2001 viajó a Estados Unidos a trabajar en la División de Biociencia del Laboratorio Nacional de los Álamos en New México, lugar donde se desarrolló la primera bomba atómica. A partir de 2003, Uribe cursó un Doctorado en Bioquímica y Biología Molecular en la Michigan State University, para luego continuar perfeccionándose en el país del norte como investigador postdoctoral en la Universidad de California en San Diego y con un MBA en The Rady School of Management, dentro de dicha Casa de Estudios.

De hecho, fue al terminar de cursar su MBA cuando, buscando nuevas oportunidades, y luego de un año trabajando en el naciente campo de negocios de la genómica humana, el contacto con un profesor de UC San Diego lo llevó a su actual puesto en Tismoo. “Él es parte esencial en un emprendimiento brasileño de genómica y medicina personalizada enfocado al autismo. La compañía había comenzado a funcionar en Brasil en el año 2016, abocándose a la identificación y desarrollo de perspectivas terapéuticas personalizadas para el Trastorno de Espectro de Autismo (TEA), utilizando genómica, y células madre”, recuerda.

En ese momento, Tismoo buscaba alguien con conocimientos científicos y de negocios, para expandir sus operaciones en Estados Unidos y Latinoamérica. Una oportunidad perfecta para que el doctor Uribe aplicara su experiencia en ambas áreas, en este nuevo campo de la genómica humana comercial.

Desde esa perspectiva, y luego de más de quince años viviendo en Estados Unidos, el doctor Francisco Uribe ha podido visualizar algunas diferencias entre Chile y Estados Unidos a nivel biotecnológico, destacando que a nivel de instituciones públicas la diferencia no está en la calidad del material humano: “En Chile se hace ciencia básica de primer nivel. A nivel de instituciones públicas el problema es de financiamiento y de políticas públicas claras y definidas. Chile carece de institucionalidad científica que proyecte lineamientos claros a mediano y largo plazo”.

Por otro lado, comenta que este problema de financiamiento se repite a nivel de empresa privada. “En mi opinión, el sector privado no ve el valor de desarrollar tecnología propia. Es más fácil comprar algo hecho afuera. Pareciera que los inversionistas nacionales tienen poca tolerancia al riesgo”, afirma.

Respecto del desarrollo tecnológico, agrega que Estados Unidos no tiene la posibilidad de ir a comprar tecnología a otros países desarrollados. “En cierta medida están obligados a desarrollar su tecnología propia. Ningún país desarrollado va a vender su tecnología de punta, aquella que le provee de ventajas estratégicas. Así en Chile, terminamos comprando tecnología que no es de punta, que no responde a las necesidades de la realidad del país y que no es algo revolucionario que nos ponga a la cabeza de la competencia”, señala y pone como ejemplo la industria del salmón y la lentitud con la que ha reaccionado para crear respuestas a los problemas sanitarios y de alimentación de los peces. “Esto resulta en poca competitividad y baja rentabilidad, que ha plagado el sector en los últimos años”, acota.

Parte de esta situación, considera, tiene que ver con la cultura rentista y extractiva imperante en Chile, donde en lugar de desarrollar tecnología, se importa. “Sin ir más lejos es el estado quien promociona los más grandes esfuerzos de I+D, tratando de apoyar e integrar esa área vital en la actividad económica”, enfatiza.

Frente a este panorama, ¿Qué falta en nuestro país para impulsar más el I+D? Esa, dice, es “la pregunta del Billón de dólares”, afectando a Chile principalmente un componente cultural. “Estando en Estados Unidos he podido ver cómo la gente invierte en el desarrollo de tecnología nueva. Lo nuevo e innovador crea mercados de miles de millones de dólares por año. El potencial de ganancia es alto, por lo que hay interés de arriesgar el capital. Comparado a Chile el nivel de tolerancia al riesgo es mucho más alta”, menciona.

A su juicio, es necesario que el inversionista chileno se eduque en ciencia y tecnología, o que por lo menos se apoye mucho más en aquellos que la dominan: “Sería ridículo pedirles que apuesten a ciegas. Lo lógico es que tomen decisiones educadas y esto requiere un mayor entendimiento de los temas de ciencia y tecnología, en forma directa e indirecta”.

Explica que en Estados Unidos existe una industria cuyo solo propósito es invertir en innovación. De este modo, el producto de este sistema son nuevas tecnologías informáticas, nuevos fármacos, entre otros. En Chile podríamos llegar a desarrollar una industria similar, pero, señala que son los inversionistas quienes deben de “aprender y tener la capacidad de ver las posibilidades económicas que otorgan los desarrollos tecnológicos. Pero también deben perder el miedo al riesgo y educarse en ciencia y tecnología (…) La idea es que el inversionista chileno sea capaz de, tal como lo hacen en otras áreas, de hacer apuestas a futuro que sean bien pensadas y fundamentadas.”

El doctor Uribe se siente satisfecho del camino que ha tomado su carrera profesional, y espera a futuro poder seguir apoyando, desde sus conocimientos, el desarrollo biotecnológico de punta. “Quiero que la biotecnología se vuelva algo cotidiano para la gente, quiero que puedan percibir beneficios reales de estas nuevas tecnologías. Quiero que la gente vea y aprecie el valor que poseen para transformar su vida para mejor. Para eso es importante que el desarrollo biotecnológico sea insertado de forma económicamente sustentable en el entramado de una sociedad”, concluye.