¿Qué estás buscando?

Eduardo Guendelman: “El futuro exige desarrollar una industria moderna, basada en conocimiento e innovación”

Ingeniero, empresario, emprendedor, inventor, mentor, viajero, el chileno Eduardo Guendelman toma la vida con pasión y se desenvuelve como ciudadano del mundo. Ha sido vice-presidente de una importante compañía automotora en Canadá, y creador de varias empresas privadas y públicas en NASDAQ, algunas de las cuales fueron creadoras de tecnologías que son usadas actualmente por centenas de millones de usuarios mundialmente, como ser el sistema de navegación GPS y Siri.

Inmediatamente después del ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, miles de voluntarios, vehículos y equipo pesado empezaron el proceso de encontrar sobrevivientes y despejar el área donde se habían desplomado los emblemáticos edificios. Este esfuerzo requería un sistema de control y comunicación especial, del tipo que solamente una compañía creada y manejada por este chileno- israelí tenía. Y así, un par de días después del ataque, el ingeniero Eduardo Guendelman y sus compañías, PowerLOC y Paradigm Advanced Technologies, desarrollaron, instalaron y manejaron un sistema tecnológico personalizado a los requerimientos de las autoridades de la ciudad de Nueva York, lo que ayudó en el proceso de recuperación y limpieza del “Ground Zero”.

Claro que esto es solo parte de su historia que incluye la creación de cerca de 17 compañías de tecnología avanzada, muchos años en la Fuerza Aérea Israelí como oficial, la invención y creación del primer sistema de navegación GPS para celulares (Destinator), tecnología que se encuentra hoy en casi todos los celulares del mundo, la creación del primer sistema de reconocimiento de voces, de la cual salió Siri, que también es usado por millones de personas y otras invenciones.

Eduardo Guendelman nació en Chile y estudió en el Instituto Hebreo. Inmediatamente después de rendir la entonces Prueba de Aptitud Académica (PAA), en enero de 1970, viajó a Israel, donde ingresó al Instituto Israelí de Technología – el famoso Technion-, graduándose como Ingeniero Eléctrico en 1974. Luego continuó con estudios para un MBA en la Universidad de Haifa (1976) y un Master en Image and Speech Processing y en Radares en la Universidad de Tel Aviv.

Analizando retrospectivamente su carrera de empresario, Eduardo Guendelman considera que su éxito fue principalmente debido a la existencia de un ecosistema que ayudaba a los empresarios en el área de tecnología acceso a inversores, y a expertos en temas relevantes.

Para explicar este fenómeno, entrega como ejemplo su propia experiencia, cuando en 1984 decidió levantar en Israel una compañía para desarrollar una tecnología conocida hoy como biometría e inteligencia artificial (AI). También cuando en 1999, decidió levantar en Canadá una compañía para desarrollar tecnología de navegación GPS, lo que logró gracias a una beca del Consejo Nacional de Investigación (NRC).

El ingeniero asegura también que en el éxito de su carrera profesional se conjugaron varios factores. Además de la educación recibida en Chile e Israel, agrega la personalidad que da el estar en proyectos grandes. “Cuando llegas a una posición, donde tienes una responsabilidad tan grande, y te vez con gente con grandes posiciones, te das cuenta que ellos son como tú. Es ese el día que te dices, yo también puedo. Y así es cuando empiezas a pensar mucho más en grande y te das cuento que ‘el cielo es el límite’”, afirma.

La importancia del ecosistema

Claro que, a juicio del empresario, no basta con una buena educación y buenas ideas. Es importante que exista un verdadero ecosistema que apoye la ejecución de planes, ayudando con financiamiento, conocimiento y acceso a recursos. En otras palabras, para una persona que tenga una idea de un producto o una tecnología nueva es crítico tener acceso a mentores, o a lo que hoy llaman “incubador” o “acelerador”, además de becas y préstamos, a facilitadores de patentes, entre otros.

“Hoy, es claro que países no pueden y no deben depender únicamente en recursos naturales, y tienen que desarrollar industria basada en conocimiento e innovación. Tengo entendido que como hace seis años, Chile buscó transformarse en el centro empresarial e innovador de América Latina. Era una visión audaz, que requería un compromiso correspondientemente valiente del gobierno. Afortunadamente, eso es exactamente lo que recibió y, desde 2010, Chile ha distribuido más de $ 40 millones a 1.300 empresas en ciernes de casi 80 países. A partir del verano pasado, esas empresas habían generado aproximadamente 1.600 puestos de trabajo en Chile y $ 100 millones en recaudación de fondos externos”, afirmó Eduardo Guendelman, quien agregó que de acuerdo con el Instituto Brookings, unos 200,000 chilenos han recibido beneficios en una forma u otra de programas de emprendimiento respaldados por el gobierno

Para graficarlo entrega un ejemplo concreto: el caso de Israel. Comenta que cuando llegó a Israel en Enero del 1970, su Real Gross Domestic Product (GDP) era en USD, $2,107 por persona, más alto que el de Chile y más bajo que en Francia (USD $2,862) e Inglaterra (USD $2,347). En ese entonces, Israel exportaba productos agrícolas y diamantes, entre otros productos. Hoy día el GDP de Israel es alrededor de USD $37,292. ¿Por qué?

“Alrededor de ese tiempo (cuando llegó al país), el gobierno decidió enfocar el país hacia el área de innovación y para eso ideó un ecosistema dedicado a estimular la creación de compañías en áreas tecnológicas”, relata y añade que gracias a esto, “hoy en día existen en Israel país alrededor de 8 mil start-ups tecnológicos, tiene unos de los índices más grandes de patentes, compañías públicas, premios Nobel y otros indicadores, per- capita, y ha creado tecnologías e innovaciones que le han cambiado la vida a billones de personas en el mundo”.

Una de las explicaciones macro-economicas al éxito de países para transformar su economía, señala, es el porcentaje del GDP alocado a la investigación y desarrollo. De hecho, las cifras son simples e impresionantes: “Israel destina cerca del 5% anual de su Producto Interior Bruto (PIB) a I+D, encabezando el ranking mundial en este sentido. Y la inversión tiene su lógica, ya que su sistema educativo presume de ser uno de los mejores, sobre todo a la hora de fomentar los conocimientos de ingeniería. Guendelman suma también ejemplos como Korea del Sur, Japón, Finlandia, Suecia y Taiwan, que invierten un porcentaje de más de 3% de su GDP. “En Chile, el gobierno invierte 0.4% del GDP a la investigación y desarrollo y ¡esto es bajísimo!”, indica.

Es por eso que para prepararse para el futuro, considera que Chile debería tomar la decisión estratégica de crear un ecosistema parecido al que existe estos países, porque “el futuro está en el conocimiento”, asegura Guendelman.

Por otro lado, no basta crear universidades y “producir” profesionales. Es necesario crear el ecosistema para que los jóvenes que se gradúan, no emigren a otros países con mejores condiciones.La clave, explica, es tener un sistema donde los jóvenes empresarios e inventores puedan participar en incubadores y aceleradores tecnológicos ayudados por mentores y también el crear centros de innovación con ayuda gubernamental, que le de incentivos a los mejores profesionales para evitar la llamada “fuga de talentos”.

“Si el gobierno tiene interés te va a dar el edificio, las rentas, inversores o voluntarios para crear una especie de boutique venture capital, donde ellos tomen un porcentaje de la participación, sabiendo que algunos lo van a hacer grande, otros mediano y otros van a perder”, especifica.

¿Cómo aplicarlo en Chile?

A pesar de llevar varias décadas fuera de su país de origen, Eduardo Guendelman conserva siempre a Chile en su corazón. Es por eso que en sus proyectos ha incorporado a algunos profesionales connacionales, además de desarrollar ideas que buscan replicar en este lado del mundo, lo realizado por Israel y Canadá. “En cuanto a agricultura no hay como Chile, pero no puedes vivir nada más que de recursos naturales, porque su valor puede ir para arriba, para abajo, y hasta desaparecer, pero el conocimiento se mantiene para siempre”.

Para eso, recomendaría seguir desarrollando en Chile el ecosistema de soporte a los empresarios en tecnología, incrementar el porcentaje del GDP dedicado a la investigación y desarrollo, crear más locaciones de coworking, donde se generan sinergias creativas y financiar incubadores y aceleradores tecnológicos.

“El potencial tecnológico de chilenos que se ha ido a Estados Unidos, Francia, España, Canadá, podría ayudar a levantar el país. Para eso hay que hacer un magneto, traerlos con beneficios o espacio para investigación. Atraer a ese nivel de gente es difícil, hay que levantar un sistema integrado, es nada más que educar”, concluye Eduardo Guendelman.