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Emilio Alarcón: El científico que corre con y para el corazón

En 2009, este químico llegó a Canadá a la U. de Ottawa, en 2014 se sumó como investigador principal a su Instituto del Corazón. En lo personal, en 2011 se convirtió en padre de Alonso, que nació con un extra cromosoma, comúmente conocido como síndrome de Down, que además tuvo un defecto cardíaco y que luego presentó una leucemia. Alarcón afirma que esta experiencia transformó su forma de hacer ciencia y de correr. Hoy se dedica a tender puentes entre la investigación básica y la medicina clínica, desarrollando nuevos materiales para la reparación de órganos y tejidos. Y en la pasada Ottawa Race Weekend, Alonso recaudó fondos para la institución para la cual trabaja su padre.

Con el número 5045, el doctor Emilio Alarcón corrió a fines de mayo 21 kilómetros de la Ottawa Race Weekend (la capital canadiense) “en un tiempo ok de 2 horas y 6 minutos”, según sus propias palabras. Corría literalmente con la camiseta puesta, con la del “Equipo Corazón” del Instituto del Corazón de la Universidad de Ottawa (uOttawa), centro donde este químico de la U. de Santiago (USACH) es investigador principal. Y si bien no logró el objetivo de que su hijo Alonso de seis años cruzara la meta, poco importó porque ya había cumplido la promesa que le había hecho en 2013 a su pequeño, entonces recién diagnosticado de leucemia mieloide aguda (AML).

La historia del doctor Alarcón en Canadá comienza en 2009, cuando llegó a realizar su postdoctorado en uOttawa en un destacado equipo de investigación en fotoquímica. Durante ese periodo, recibió entrenamiento en el Karolinska Institutet (Suecia), entidad que elige al ganador del Premio Nobel de Medicina. “Una cosa guió a la otra, y de ser un investigador fundamental, me transformé en investigador aplicado con un sólido background en medicina traslacional”, cuenta este doctorado en química de la Pontificia Universidad Católica. Según la European Society for Translational Medicine (EUSTM), el propósito de la medicina traslacional es combinar disciplinas, recursos, conocimientos y técnicas, para promover mejorías en prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades.

Rápidamente escaló posiciones en uOttawa. Desde 2015 es professor asistente y en 2014 fue reclutado por el Instituto del Corazón. Poco antes, había vivido en carne propia la relevancia de instituciones como esta última: su hijo nació con un soplo en el corazón, que resultó ser un pequeño Defecto Septal Ventricular, DSV (una deformación en la pared que divide los ventrículos izquierdo y derecho del corazón). “Esto es enteramente tratable, pero para pacientes con Síndrome de Down, debe ser monitoreado muy de cerca”, comenta el químico. Fue así como decidió quedarse en Canadá, mientras esperaban que el defecto se resolviera naturalmente o por cirugía. El pequeño orificio se cerró solo cuando Alonso tenía un año y medio. Pero al pequeño le fue diagnosticado AML, un tipo de leucemia que, generalmente, no forma tumores, sino que se extiende por toda la médula ósea. “En ese punto, sabía que no podríamos volver a Chile”, cuenta Alarcón.

“Alonso dio sus primeros pasos mientras estuvo en quimioterapia. El hospital se transformó en nuestro hogar”, recuerda el investigador que trabaja en el desarrollo de nuevos materiales para la reparación de órganos y tejidos. Y fue en ese periodo de “montaña rusa emocional” que generó una “gratitud infinita” por Canadá y su gente: “Todos mis colegas, amigos, estudiantes y tanta gente que nos ayudó… Aprendí lo que significa realmente ser un canadiense: estar ahí para otros, dar una mano a aquellos que lo necesitan, dar la bienvenida a otras culturas y religiones, porque somos quienes somos no a pesar, sino por nuestras diferencias”, resume.

Como investigador, está convencido de que Alonso –hoy un niño sano, pero monitoreado muy de cerca- cambió su forma de hacer ciencias, “siempre busco necesidades no cubiertas en ingeniería de tejidos y reparación de órganos o cualquier área donde mi experiencia puede contribuir para beneficiar al paciente”. Y añade: “Es mucho más que cualquier condición médica que haya tenido mi hijo. Es todo acerca dar de vuelta a la comunidad. El fin último de la ciencia es descubrir y desarrollar nuevas tecnologías que beneficien a todos. En mi caso, he sido afortunado por trabajar lado a lado con médicos, ingenieros, inmunólogos y biólogos celulares de primera categoría”.

Alarcón ha buscado maneras de retribuir a la comunidad por todo lo que ha recibido. Por eso el doctor genera redes de colaboración entre Chile y Canadá. “Como investigador independiente, he establecido activas y productivas colaboraciones con las universidades de Santiago, Católica, de Talca, Autónoma y Mayor. Siempre me he esforzado para que estudiantes chilenos visiten mi laboratorio y encuentren un ambiente de aprendizaje dinámico y activo”, comenta.

En lo concreto, está organizando para el 9 de enero próximo el simposio “Presente y futuro de la ciencia en Chile: una perspectiva renovada para el siglo XXI”. La actividad, que se realizará en la Universidad Autónoma (Santiago), planea presentar y discutir el ejemplo canadiense de apoyo en las primeras etapas de los investigadores (Early Career Investigators, ECI) para producir ciencia más diversa, innovativa y conectada con la comunidad. Esto, como una alternativa para Chile para sembrar nuevas ideas que puedan tranformarse en nuevas tecnologías que beneficien al país y a la calidad de vida de los chilenos. Uno de los oradores principales será, justamente, el especialista en leucemia Jean-François Couture, director del programa de pregrado “Translational and Molecular Medicine” de uOttawa. La actividad cuenta con el apoyo de Imagen de Chile, la Embajada de Canadá, la Red de Investigadores Chilenos en Canadá (Redicec), diversas universidades chilenas y CALDO, entre otros. Para más información: http://ecichilecanada.com/

Mientras que para devolver la mano en Canadá, Alarcón realizó una recolección de donaciones (fundraising) para el Instituto del Corazón cuando corrió la maratón de Ottawa. Este año recolectó cerca de 700 dólares canadienses ($370 mil pesos). Su objetivo para el próximo año son 2.500 dólares canadienses ($1,3 millones de pesos) y que Alonso esté más cerca de la meta. Como entrenamiento, corre habitualmente 21K en torno al barrio de Barrhaven que, coincidentemente, tiene la forma de un corazón.

Alarcón, activo en Facebook, ha dejado profundas reflexiones en torno a las vivencias con Alonso, su hijo con “ojos con forma de almendra”. En un post se lee su amor por “El Principito”. “Eres el constante recuerdo de ese mismo libro que leí tantas veces cuando niño. Yo era un piloto perdido y tú viniste a rescatarme”. También tiene palabras para su esposa, la psicóloga Madleen Zapata, “la heroína olvidada de nuestra historia”: “Me preguntaron si creía en el amor. Cerré los ojos y te imaginé sonriéndole a Alonso, y dije que sí, que creía. Te has sacrificado por nuestro hijo, te has convertido en terapeuta, profesora, enfermera, fisioterapista, pero por sobre todo, en mamá de Alonso. Tú eras la persona que solo querías ver a tu hijo recién nacido, mientras que otros, yo mismo incluido, estábamos preocupados por él por ser Síndrome de Down”.

Por ultimo, Alarcón quiere dejar las puertas abiertas para conocer su trabajo: “Me gustaría también invitar a cualquier investigador, estudiante o persona que quiera saber más de mi investigación a que me envíe un e-mail o a ealarcon@ottawaheart.ca visite nuestro sitio web www.beatsresearch.com