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Entrevista a Eduardo Bendek: “Nuestro hombre en la NASA”

Desde hace casi cuatro años, el chileno Eduardo Bendek trabaja en Ames, el centro de aeronáutica más importante de la agencia espacial estadounidense. Allí diseña el telescopio que permitirá descubrir planetas similares a la Tierra. Cree que serán como el que muestra la película Interestellar.

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Eduardo Bendek diseña el telescopio que permitirá descubrir planetas similares a la Tierra.

Cuando llega a su oficina en Ames, el Centro de Investigación de la Nasa de Silicon Valley, Eduardo Bendek no deja de pensar en que el lugar parece una ciudad sacada de una película de ciencia ficción. Mientras camina, pasa al lado del túnel de viento más grande del mundo, una construcción gigantesca -los autos estacionados se ven diminutos a su lado-, donde se prueban aviones y sistemas de paracaídas. Pasa también por el edificio donde está el computador cuántico, que procesa millones de veces más rápido que un computador normal, un proyecto colaborativo entre Google y la Nasa. Pasa cerca del Titan III, el cohete recuperado del espacio por la agencia, que se exhibe en las veredas de Ames como trofeo. Y pasa el área de protección térmica, donde se fabrican los escudos de las cápsulas espaciales para evitar que se sobrecalienten.

Bendek es el único chileno que trabaja en Ames, considerado el cuartel general de los proyectos sobre aeronáutica, computación y búsqueda de exoplanetas (planetas similares a la Tierra). Hace casi cuatro años que llegó para liderar el diseño de un telescopio espacial que entraría en órbita en 2020, el que podrá detectar exoplanetas en Alfa Centauri, la estrella más cercana a la Tierra.

Bendek, a través de Skype, da un respiro cuando menciona Alfa Centauri, como si se quedara atorado en un recuerdo de infancia, y luego cuenta que, de todo el universo, ese sistema estelar es su gran obsesión. Lo explica precisamente con una imagen de él mismo a los 10 años, cuando, mirando una noche a través de su telescopio, la vio por primera vez, allí, a unos 4,37 años luz de distancia, la más brillante de la constelación Centauro, con toda su carga mitológica y considerada en la antigüedad como una única estrella. “Pero son dos, es un sistema binario. ¡Y yo vi esas dos estrellas!”, dice, aún entusiasmado con su descubrimiento de niño.

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Bendek es el único chileno que trabaja en Ames, el centro de aeronáutica más importante de la agencia espacial estadounidense.

Recuerda que desde siempre le llamaron la atención los aviones, las máquinas grandes y la computación. Y que nunca, ni cuando estudiaba ingeniería civil mecánica en la Universidad Católica, pensó que iba a poder trabajar en la Nasa. “Era algo imposible, así que siempre tomé las aproximaciones que estuvieran a mi alcance”, cuenta, aludiendo a los cinco años que estuvo en el Observatorio Paranal, en pleno desierto de Atacama, dedicado a mantener los instrumentos conectados a los telescopios.

Solo cuando realizó un doctorado en óptica en la Universidad de Arizona tuvo el primer contacto con la Nasa, un día en que un profesor le pidió ayuda en un proyecto financiado por la agencia. Recuerda que tuvieron buenos resultados, por lo que la Nasa, a través de una especie de beca, le permitió realizar un posdoctorado en sus instalaciones, entre 2012 y 2014, hasta que se ganó un financiamiento para su propio proyecto. Entonces comenzó a ser miembro oficial del equipo de investigación de la Nasa.

Hoy siente que pese a las investigaciones que se desarrollan en todas las sedes de la agencia, la gente ha perdido el interés por los trabajos que allí se realizan. “Ahora, cuando yo te cuento que la detección indirecta y la influencia del planeta en la estrella y blablá, a esa altura ya están todos durmiendo. Creo que lo que ha sucedido es que en la medida en que avanzamos en el conocimiento, los descubrimientos son más sutiles”, dice Bendek.

Sin embargo, asegura que la misma fascinación pública que hubo en torno a la Nasa por la carrera espacial, se recuperará con la detección del primer planeta como la Tierra en Alfa Centauri, que debería ocurrir en 2022. “Este tema es bastante cercano a las personas, algo que uno se puede imaginar fácil”, dice.

-¿Se imagina cómo será ese exoplaneta?
-Puede ser del tipo de planetas que muestra la película Interestellar: un planeta de hielo y otro cubierto de agua que por no tener continentes, puede tener esas olas gigantes causadas por las mareas.

Bendek cuenta que, por el momento, su único objetivo es que el telescopio espacial logre la primera detección directa; es decir, ver a través de imágenes las condiciones del planeta.

También quiere apoyar este estudio con imágenes de telescopios terrestres, y el único país del mundo que posee los instrumentos para esto, dice, es Chile. Por eso, junto al Instituto Milenio, impulsa un grupo de estudio de astrónomos chilenos que se dedique a entender el sistema Alfa Centauri. “Hay que ser capaces de enfocarse en esos servicios y posicionarse como los mejores del mundo en cosas donde los demás no pueden competir, como en este caso”.

Hace un mes estuvo en Chile participando en el Congreso del Futuro, junto a otros científicos, donde expuso sobre el origen de la vida. No descarta volver al país una vez terminado su proyecto en la Nasa para aportar desde su experiencia: “Siento que he aprendido mucho de la política que hay en la Nasa, de cómo se manejan estos proyectos y cuáles son las prioridades del gobierno”.

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Eduardo Bendek es miembro de nuestra red de talentos.

Para Bendek, la metodología de trabajo en la agencia es “una cosa extraña”. No cuenta con un equipo fijo de colaboradores para su proyecto: “Hay gente que provee distintos servicios de ingeniería, de electrónica, de lo que sea, y tú compras un porcentaje del tiempo de ellos según tus necesidades. En el fondo, tú inicias tu propia empresa dentro de la organización. Es desafiante, pero se hace pesado. Echo de menos la capacidad de compartir esa responsabilidad con más gente del equipo”, dice.

De todos modos, reconoce que su principal problema es la distracción. “Voy a almorzar y me quedo pegado conversando con científicos e ingenieros de las millones de ideas nuevas y proyectos que conviven aquí. Tengo que hacer un esfuerzo enorme para mantenerme enfocado en lo que estoy haciendo”.

Algunos días va a almorzar a los casinos vecinos: el de Apple o el de Google. “Cuando estás acá, el nivel de network (redes) es impresionante. Está Apple, Google, Facebook, Twitter, Tesla, dos empresas de satélites”, enumera. A veces, confiesa, ha tenido la idea de irse a alguna de estas compañías: “Pero al final lo que sucede es que lo que puedo hacer acá en la Nasa no lo podría hacer en ninguna otra parte. La oportunidad de poder desarrollar una misión espacial para encontrar un planeta como la Tierra es algo que no tiene comparación”.

Todas las tardes, antes de tomar el tren de vuelta a su casa, en San Francisco, Bendek sale a correr por las instalaciones de Ames. Su pista atlética es la misma pista aérea donde aterrizan y despegan los gigantescos aviones que cargan los satélites.

-¿Piensa que hay más vida en el universo?
-Es probable, dado los miles de millones de planetas que existen.

– ¿Qué tipo de vida?

Mira la diversidad en la Tierra. Hay tantos seres extraños en la superficie y en el fondo del mar, miles y miles de especies que han evolucionado para adaptarse al ambiente y sobrevivir a las condiciones de nuestro planeta. Ahora imagínate que hay millones de planetas habitables con condiciones muy distintas cada uno: las posibilidades de evolución y adaptación son prácticamente infinitas.

Fuente: El Mercurio