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Isaac Scherson: El lado B de un chileno de clase mundial

El pasado 15 de diciembre, el profesor chileno de la Universidad de California en Irvine (EE.UU.) –y ex docente de la U. de Princeton-, participó en Encuentros ChileGlobal 2014 dando a conocer algunos de sus logros académicos. En esta entrevista, lejos del lenguaje binario, nos habla de las experiencias que lo han marcado como docente y lo que piensa de la formación universitaria en Chile.

Si bien sus más de 130 publicaciones, dos patentes y los modelos y algoritmos que ha desarrollado y que han pasado a los libros de textos, son los que fundamentan su reputación como investigador, en esta entrevista el doctor Isaac Scherson prefiere hablar de la educación. Comenzó a enseñar hace 43 años en la Universidad Autónoma de México (UNAM), mientras estudiaba ingeniería mecánica y eléctrica. “Una de las cosas que más me ha impresionado de esta profesión es que tocas vidas individuales. No lo haces a propósito, es parte del oficio, como que dejas una huella”, comenta Scherson, quien dejó Chile a los 18 años siguiendo a su familia a México.

Y añade: “Una de las cosas que no deja de impactarme de Latinoamérica es que hay una cantidad de capital humano que se pierde porque no se invierten los recursos, no solamente en estudios y manutención, sino que en la identificación de ese capital; tener personas que busquen a estos estudiantes de excelencia. Y a falta de que hubiera alguien, lo he hecho yo”.

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Isaac Scherson dio a conocer algunos de sus logros
académicos en Encuentros ChileGlobal 2014.

Por ese motivo, Scherson ha recibido en su laboratorio del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de California en Irvine (Estados Unidos) a estudiantes mexicanos, costarricenses, argentinos, y desde hace 20 años cuando retomó sus contactos con Chile, también compatriotas. Ahora está formando a un estudiante de doctorado de la Universidad del Bío-Bío. De hecho, Scherson colabora especialmente con universidades de provincia y del centro-sur: Talca, Concepción, Chillán y Temuco. Así ha descubierto que tanto como formar a profesionales, las casas de estudios deben cumplir con una labor social para subsanar deficiencias académicas o económicas de sus estudiantes.

“La labor social que están cumpliendo las universidades es tal que no pueden abandonarla para subir en los rankings técnicos o de las universidades del mundo. En lugar de hacer una asesoría hacia innovación en investigación, enfatizas la parte social”, acota Scherson, quien cursó su doctorado en ciencias de la computación en el Departamento de Matemáticas Aplicadas del Instituto Weizmann, en Israel, donde también trabajó para la industria aeronáutica.

“Te voy a contar una historia”, dice. “Cuando enseñaba en la UNAM (México) tenía un ayudante que lo encontraron ahogado en la piscina universitaria. Fuimos a dar el pésame a la familia. En la entrada de una casa hecha con planchas de zinc había un señor sentado en un banquito bajo. Tenía unas manos enormes, agrietadas. Era su papá. Le dimos el pésame. Nos queda viendo y nos dice: ‘La vida no es justa, toda la familia trabajaba para que él no metiera las manos en la tierra, porque una vez que uno las mete, no las saca nunca más”, recuerda Scherson.

“Cuando ves eso, qué te importa si la universidad es número 30 o 2 en el ranking de Shangai, lo que importa es lo que la universidad te puede dar. Entonces cuando me preguntan por qué estoy con esta relación con Chile, bueno, soy chileno. Estoy tratando de abrirle la puerta a la gente del sur. No importa cómo lo veas, un título universitario es la llave de la movilidad social, no hay nada en el mundo, absolutamente nada, que se compare”. 

El ámbito de colaboración de Scherson con Chile trasciende a los estudiantes, también incluyó a un empresario vinculado a la ciencia y la tecnología. “Entonces tenemos como un grupito de chilenos. Trabajamos todos juntos en California”, comenta este ex académico del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Princeton (Estados Unidos).

Scherson ha participado en una serie de congresos, pasantías y publicaciones en colaboración con investigadores chilenos. Así, ha podido observar de cerca la academia nacional y la educación que brinda. Se ha encontrado con sorpresas agradables… y otras no tanto. “He pasado por todas las etapas”, dice, “rabia, enojo, tratar de entender y, al final de cuentas, me he reconciliado con una problemática que va a tomar generaciones en cambiar y que es una mezcla de un sentimiento de complejo de inferioridad junto con un orgullo nacional. No quiero darle adjetivo, sólo digo que es una ecuación tan compleja que no logro entenderla”, reflexiona.

Por eso se siente muy honrado por la invitación que recibió de Encuentros ChileGlobal 2014 para participar en la plenaria “Chilenos de Impacto Mundial”. “El hecho que hayan pensado en mí como una persona que puede aportar en algo me hace sentir muy bien”, dice.

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De izquierda a derecha: Isaac Scherson, Paulina Hidalgo y José Etcheverry en el marco de Encuentros ChileGlobal 2014.

La intención de Scherson es seguir colaborando con Chile. Piensa que su motivación esencial viene de su pasado, familiares directos escaparon del holocausto: “Mis ancestros empezaron de cero. Ver lo que ellos hicieron para que las generaciones que los siguieran tuvieran oportunidades, creo que me ha hecho muy sensible a toda tragedia humana. Y no hablo de un holocausto o una guerra. También es una tragedia humana la persona que trabaja y trabaja y no logra salir adelante”.

Entonces repite la frase: “Te voy a contar una historia”. Entre abril y septiembre de 2014 Scherson recibió un estudiante de pregrado de la Universidad de Talca en su laboratorio. “Es un chico de pocos recursos, pero con pasta, con potencial. Perdemos tanto porque no abrimos puertas y para hacer cosas buenas se necesitan pocos recursos. Encontramos la manera de apoyarlo y estoy muy orgulloso de él porque resultó ser una colaboración fabulosa”, comenta.

De hecho, Scherson viajó a Chile con antelación a su participación en Encuentros ChileGlobal 2014 para realizar una actividad motivacional con estudiantes de la Universidad de Talca, donde este joven comentó su experiencia. Además, Scherson fue a su casa para conocer a sus padres y dos hermanas menores que también sueñan con la universidad. “Me puse como meta hacer lo imposible para llevarme al cabro a Estados Unidos a que haga su doctorado”, confiesa.

Y agrega: “El que yo pueda abrirle la puerta a un muchacho de Talca de 22 años, que llegó a California sin haber puesto los pies fuera de su región y yo estoy con él, mostrándole todas las oportunidades que tiene. Entonces regresa otra persona y sé que ese muchacho en su vida va a olvidarse de lo que vivió y lo va a empujar y él no va a ser parte de la tragedia humana”.