¿Qué estás buscando?

Luisa Hansen, pionera en física nuclear: Con Chile en el corazón desde California

La red de talentos de Imagen de Chile, ChileGlobal, conversó con la especialista que partió en los ‘50s a UC Berkeley en Estados Unidos, antes que se firmara cualquier acuerdo entre nuestro país y California.  Allá aún sigue realizando una activa carrera profesional –ha publicado más de 170 papers-, sin nunca olvidarse de Chile.

Corrían los años ’40 y el papá de Luisa Fernández no encontraba apropiado que su hija fuese ingeniero. De nada sirvió que Luisa sacara las mejores notas en el Liceo Nº1 de Niñas de Valparaíso. Que por ella se inventara el premio a la mejor alumna en todas las asignaturas, desde gimnasia hasta matemática. No, Luisa no podía ser ni médico ni ingeniero. Así que la joven decidió estudiar matemática y física en el entonces Pedagógico de la Universidad de Chile.

“Es complejo explicar por qué elegí matemática junto con física. Como era una matea, tenía la misma nota en todos los ramos en el liceo. Creí que matemáticas era la respuesta para saber si era memoria o inteligencia. Puedes memorizar historia, pero en matemáticas no puedes hacer eso, tienes que razonar”, recuerda Luisa desde California (Estados Unidos), su hogar por 60 años.

En nuestro país comenzó a trabajar en rayos cósmicos y partículas elementales. “Cuando querías un trabajo de verano, no era en matemática, sino que en física o en astronomía. Indirectamente, me iba alejando de la matemática y acercando a la física”, explica.

La intención de Luisa era seguir estudiando en Italia. Pero el sociólogo Eduardo Hamuy, pionero en encuestas presidenciales, cambiaría completamente su destino: le presentó a  Bill, un qumico estadounidense. “Nos conocimos y en cuatro meses nos casamos. A pesar de ser dos extraños que se  casan,  que  él  no  hablaba  español  y  que  podría  haber  sido  un  desastre, aún  estamos  casados. Tenemos intereses comunes, relata. Entonces pasó a llamarse Luisa Hansen.

Y así fue como la joven profesional llegó a mediados de los ‘50s a la U. de California, Berkeley (UC Berkeley) a estudiar un master en física y luego, un doctorado en física nuclear. Su marido escogió ese Estado por el prestigio de Berkeley y porque su clima y vegetación son similares a los de Chile. “Él es de Wisconsin, con inviernos miserables”, acota. Él seguiría estudiando ingeniería.

“Llegué en abril a Estados Unidos. El semestre empezaba en septiembre, así que me presenté a un grupo que tenía que ver con lo que había estado haciendo. Les pregunté si podía trabajar con ellos en el verano. El profesor encargado estaba en Francia, entonces me dejaron y me dieron un proyecto. El profesor llegó en septiembre y seguramente le dijeron que yo trabajaba bien, entonces me contrató como ayudante y empecé a ganar un pequeño sueldo”, comenta la especialista en reactores de fusión, y en medidas y cálculos de reacciones nucleares, transporte de neutrones y fotones para programas de defensa.

Y añade: “Vivíamos cerca de la universidad para poder trabajar hasta medianoche en el laboratorio. Fue una vida difícil, pero que valió la pena. Además los dos queríamos hacerlo”. En junio de 1959 obtuvo su doctorado. Al mes siguiente nació su único hijo. “No había tiempo para más hijos. Te incumbes tanto en el trabajo, hay que ir a viajes, a congresos, sencillamente la vida se complica demasiado. Estados Unidos no es como en Chile, porque todo el mundo vive aislado. Aunque mi mamá se quedó con nosotros por dos años cuando nació mi hijo”, comenta.

Cinco meses después del nacimiento de su hijo, empezó a trabajar formalmente en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (LLNL, por sus siglás en inglés), entonces dependiente de UC Berkeley (ahora parte de un consorcio). La misión de esta institución es “garantizar la seguridad  y fiabilidad de la fuerza disuasiva nuclear de la nación”, según reza su web. Luisa investigó en el LLNL por 37 años, entre otros temas, cálculos críticos relacionados con la decomisión de armas nucleares y reacciones de iones pesados. Si bien jubiló en 1996, sigue yendo al laboratorio todos los días y recibiendo medio salario. “Soy una mujer rica porque tengo salario y medio”, confiesa con voz divertida. Y agrega: “Para mí son problemas interesantes en lo que trabajo. Vale la pena mantenerte trabajando, te mantiene alerta mentalmente y sigues en comunicación con cosas interesantes”. En sus 50 años de carrera, la física nuclear ha publicado más de 170 papers, de 90 de ellos ha sido autor principal.

Luisa confiesa que no ha podido investigar en colaboración con nuestro país porque su área es poca desarrollada acá dado que es “bastante cara” y, por lo mismo, se concentra mayoritariamente en Estados Unidos y Europa. Además, la época dorada de la investigación nuclear fue en los ‘60s y ‘70s. “No es lo mas práctico de hacer o seguir, como ciencia de los materiales (el área de su marido), donde hay gente joven, o como en biología, medicina, astronomía”, precisa. Por lo mismo, Luisa se ha preocupado de conocer en primera persona el trabajo de las nuevas generaciones de investigadores chilenos participando en sus reuniones en Berkeley o en la Chile California Conferencia (C3), evento anual que congrega a los compatriotas que estudian o investigan en UC Berkeley, UC Davis, UC Santa Cruz y Stanford.

Pero no todo ha sido investigación, Luisa fue una abanderada de la inclusión de las mujeres y de las minorías en la ciencia. Por esta razón, el LLNL creó en 1999 la beca “Luisa Hansen Merit Award Scholarship” en su honor, por “ser una honesta representante” en estas materias.

Además, nunca dejó de juntarse regularmente con la comunidad chilena en el Área de la Bahía. “La comunicación con Chile no se ha cortado nunca… Soy chilena. Aunque también tengo la nacionalidad americana”, confiesa. Esa comunidad creció en los ‘60s con la firma del Convenio Chile-California, que facilitaba el intercambio académico entre ambos territorios. “En el ‘73, mucha de la gente que había venido por el Convenio, empiezan a tener problemas. Me puse en movimiento con muchas organizaciones para hacer algo por toda esa gente”, rememora.

Funda el mismo ’73 el Comité Chileno, un grupo no político que trabajó hasta 1981 en contra de la violación de los derechos humanos y civiles en Chile durante el Gobierno Militar. Por el mismo motivo, confiesa que tuvo “un poco de miedo” de volver a Chile por haber sido muy activa en contra del golpe. Lo hace en los ‘80s para participar en conferencias científicas.

Ya en 1992, funda el Programa de Becas del Centro Chileno Lautaro en San Francisco, cuyo objetivo es entregar recursos para que hijos e hijas de chilenos residentes en la zona, estudien en universidades estadounidenses. Hasta la fecha han entregado 103 becas, casi US $160 mil.

Y de alguna manera, Luisa ha sido profeta en su tierra. Por su gran vínculo con nuestro país, en el año 2000, el consulado de Chile reconoció “su trabajo en representación de la comunidad chilena en el Área de la Bahía y su contribución a la presencia y difusión de la imagen de Chile”. Mientras que en 2011, la Embajada de Chile en Washington le otorgó la Medalla Bicentenario.