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Shai Ben Mordechai: Cuando la tecnología ayuda a la filantropía

Miembro de la Red de Talentos de Imagen de Chile, ChileGlobal, promueve desde Israel la profesionalización del fundraising –las donaciones para causas benéficas, actividad en ascenso en todo el mundo- desarrollando softwares para aumentar y fidelizar la obtención de recursos.

Él se presenta como “Consultor tecnológico para organizaciones sin fines lucrativos”, un título detrás del cual hay un desarrollo personal, una vocación social y las bases de una novedosa alternativa profesional. Se trata de Shai Ben Mordechai Rosenblum, un chileno de padres judíos, nacido en Santiago y egresado del Instituto Nacional en 1976.

Al terminar su Enseñanza Media no tenía claro qué quería estudiar, así que aprovechó de ir a Israel a visitar a sus parientes. “Me encontré a mí mismo aquí”, cuenta desde Modiin, una pequeña ciudad a medio camino entre Tel Aviv y Jerusalén, donde vive actualmente este miembro de la Red.

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Shai Rosenblum se dedica por completo al tema de fundraising para organizaciones no gubernamentales.

El joven compatriota empezó a integrarse a ese nuevo país: estudió el idioma, hizo el servicio militar y vivió en un kibutz cosechando algodón. Y cuando llegó el momento, entró a la Universidad Hebrea para estudiar Ciencias Políticas con mención en Estadísticas, y luego Educación.

Ya casado, ingresó al cuerpo diplomático de Israel. Estuvo destinado en Brasil y Venezuela, y justamente ahí –a mediados de los años ’90- descubrió lo que iba a transformarse en el eje de su desarrollo vocacional y profesional.

Buscar donantes, no donaciones

“En Venezuela yo estaba a cargo del Departamento de Cultura de la Embajada de Israel y un miembro de la comunidad judía se acercó a mí pidiendo ayuda para recaudar dinero para un pariente que tenía leucemia. Mi hermano menor había fallecido de leucemia. Entonces el tema me tocó el corazón. Y empecé a dedicarme al tema de la recaudación o fundraising de manera voluntaria, con resultados –disculpa la falta de modestia- bastante positivos”, comenta.

De forma natural, Shai Rosenblum empezó a incursionar en otros campos de la beneficencia y descubrió la potencialidad del tema. “Es absolutamente fascinante”, explica. Tras Caracas partió a Nueva York, donde entró en contacto con empresas tecnológicas especializadas en el tema de recaudación de recursos.

Cuando se trata de un proyecto pequeño con 20 ó 30 donantes, la información se puede manejar con lápiz y papel. Pero cuando ya hay 60, 100 ó 300 personas aportando fondos, hay apoyarse en la tecnología. “La única forma de trabajar esa información masiva, de evaluarla, es a través de máquinas que te puedan ayudar, no solamente en términos de banco de datos sino también en interpretación de los datos: es decir, saber qué hacer con esos datos. Y ése es un mundo impresionante”, dice este innovador.

Con esa experiencia, más su formación inicial, Shai Rosenblum se volcó por completo al tema de fundraising para organizaciones no gubernamentales. En 1997 formó una empresa para prestar servicios de consultoría, planificación y capacitación para estas instituciones de beneficencia. Además desarrolla softwares específicos de administración de las recaudaciones y manejo de datos que permiten identificar, por ejemplo, a las personas donantes, sus motivaciones, establecer vínculos y entregarles información para que sepan lo que se está haciendo con sus aportes.

“Estamos hablando de herramientas que te permiten mantener la fidelidad del donante. Sé a ciencia cierta que el uso de software de fundraising incrementa en un lapso de tres años en un 25 % el ingreso por concepto de donaciones”, asegura.

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Shai Rosenblum preside la Israel Association of Professional Fundraisers (IAPF).

Desde 2010, Shai Rosenblum preside la Israel Association of Professional Fundraisers (IAPF), dedicada a apoyar a las instituciones o personas interesadas en el tema. Sólo en ese país hay 30 mil Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) que se dedican a captar recursos para diversas causas sociales, de salud, educación, cultura, medioambiente, entre otras áreas.

Si bien la mayoría de las organizaciones de beneficencia trabajan con voluntarios, cada vez el campo se profesionaliza más. En Europa, y especialmente en Estados Unidos, el fundraising es una alternativa de formación en universidades tan prestigiosas como Georgetown (casa de estudios jesuíta ubicada en Washington D.C.) o Brandeis (Massachusetts, EE.UU.), no sólo a nivel de bachillerato, sino también como posgrado.

“El tema no sólo es captar recursos, sino encontrar legitimidad entre el público”, advierte. Y agrega: “Hay que entender que si no logras captar recursos el motivo principal es porque no tienes legitimidad o porque no tienes sentido de ser. Y esas instituciones no existen más”.

Por eso la labor del fundraiser va más allá de la recaudación exitosa de fondos. La misión es posicionar a la institución, darle presencia en la comunidad, y sobre todo, generar y sostener una relación con sectores de la comunidad sensibles a la causa. “Es un vínculo que te da la fuerza, te da el apoyo, te da la valorización, te da la estima”, enfatiza.

Justamente la última vez que Shai Rosenblum vino a Chile, hace unos siete años, dio una conferencia para organizaciones de Tercera Edad que buscaban formas de potenciar la obtención de recursos. “Empiezo a pensar que debería viajar en uno de estos próximos meses”, concluye este chileno-israelí, cuyas innovaciones y enriquecedor aporte son muestra concreta de lo que una buena idea, una vocación clara y el uso preciso de tecnología pueden conseguir.